
Obra documentada del vidriero burgalés Arnao de Vergara, introductor del lenguaje renacentista en la vidriera sevillana, está fechada en 1535. Mide 7,60 metros de altura por 2,14 de ancho. De estructura arquitectónica, en el ático figura el Padre Eterno y en el centro la figura de San Sebastián con sus atributos, la Cruz, el arco y las flechas. Está representado como un retrato del Emperador Carlos I. Se sitúa en la cabecera de la Catedral, presidiendo la nave de la Puerta de los Palos.